Nuestra historia
Una puerta que se abrió sola, hace veintisiete años
Hay historias que empiezan con un plan. La nuestra empezó con una puerta, una calle de cal blanca en Salento, y una mujer que no sabía muy bien qué iba a pasar, pero sabía que tenía que intentarlo.
Me llamo Mirela. Hace veintisiete años abrí esta tienda yo sola, con más ilusión que certezas. No tenía socios, ni un gran plan de negocio, ni nadie que me dijera que iba a salir bien. Tenía estas cuatro paredes, un local pequeño en el centro de Salento, y las ganas de construir algo mío.
Los primeros años fueron de aprender sobre la marcha. De abrir cada mañana sin saber si entraría alguien por la puerta. De conocer, una a una, a las mujeres del pueblo y de los alrededores, y de entender lo que de verdad buscaban: no solo ropa, sino sentirse bien con lo que llevaban puesto.
La llegada de Camila
Dos años después de abrir la tienda, llegó lo mejor que me ha pasado en la vida: mi hija Camila.
Era un bebé de apenas unos meses cuando su padre, desgraciadamente, nos dejó. Nos quedamos solas, ella y yo. Y en aquel momento, esta tienda, que ya era mi proyecto, se convirtió también en mi salvación.
No tenía con quién dejarla, así que Camila vino conmigo. Creció entre perchas y espejos. Aprendió a andar entre probadores. Sus primeros pasos los dio aquí, en estas mismas baldosas que pisan hoy nuestras clientas.
Hubo días muy difíciles. Días en los que no sabía si podría seguir adelante. Días en los que cerraba la tienda, miraba a mi niña dormida, y me decía a mí misma: mañana irá mejor. Días sin clientes. Días vacíos. Días sin sustento.
Y volvíamos. Siempre volvíamos. Las dos.
Una tienda pensada para mujeres de verdad
Con los años entendí algo que no se me ha olvidado desde entonces: una mujer que se siente bien por fuera, se siente mejor por dentro. No es vanidad. Es dignidad.
Por eso, en Nuestro hogar elegimos cada prenda con el mismo criterio desde el primer día: si no me la pondría yo, no entra en la tienda. Buscamos ropa que acompañe a las mujeres en su día a día — cómoda, favorecedora, con personalidad propia — sin tener que elegir entre estar bien y sentirse guapa.
No vestimos a una idea de mujer. Vestimos a la mujer real: la que ha vivido, la que ha cuidado de otros antes que de sí misma, la que a veces se ha preguntado si la elegancia era ya cosa del pasado. Para ella, sobre todo para ella, existe nuestro hogar.
Dos generaciones, una misma pasión
Hoy Camila tiene veinticinco años. Conseguí darle acceso a una formación universitaria, y hace poco la terminó. Y ahora está aquí, a mi lado, ayudándome a llevar nuestro hogar hacia adelante.
No sé explicar del todo lo que se siente al verla detrás del mostrador, con esa misma sonrisa, haciendo exactamente lo mismo que yo hacía cuando ella todavía no sabía hablar. Supongo que algunas cosas se aprenden sin que nadie te las enseñe.
Un capítulo que ahora se cierra
Nuestro hogar ha sido, durante veintisiete años, un proyecto de dos mujeres, hecho con las manos y con el corazón, con la misma ilusión del primer día.
Me habría gustado seguir muchos años más. Pero la salud ya no me acompaña como antes, y ha llegado el momento de cerrar esta puerta. Camila ha estado a mi lado en cada paso de este camino, y también lo está ahora, ayudándome a cerrarlo con la misma dignidad con la que lo abrimos.
Por qué las mujeres confiaron en nosotras
Durante todos estos años recibimos mensajes de clientas que no nos escribían para decirnos que la ropa era bonita. Nos escribían para contarnos que se sentían ellas mismas cuando se la ponían. Que encontraron, sin buscarlo, algo que llevaban tiempo necesitando. Que volvieron a mirarse al espejo y a gustarse.
Eso no fue casualidad. Fue el resultado de veintisiete años eligiendo con cariño, prenda a prenda, pensando siempre en la misma pregunta: ¿me sentiría yo bien con esto puesto?
Nuestras raíces
Somos de Salento, y se nota. En cada prenda hay algo de estas calles blancas, de esta luz de Colombia, de esta forma de entender la vida con calma pero con carácter.
Nuestro hogar ha sido esto: raíces Colombianas, una historia real de dos mujeres, y la voluntad de que cada clienta que cruzó nuestra puerta —física o virtual— se sintiera vista, cómoda y bonita.
Gracias por haber formado parte de esta historia.
Con todo el cariño, Mirela y Camila ❤️